• Pr. Elias Stuardo

Reflexión Pastoral

El domingo recién pasado reflexionábamos sobre la soledad y abandono en que vive el hombre y la mujer de hoy. Entre otras cosas, decíamos, que aun cuando somos parte de ciudades enormes, con millones de personas viviendo en ellas, igual nos sentimos solos y solas.


Una persona llega a su departamento y lo primero que hace es encender la tv para no sentirme solo… Otro tiene un problema espiritual grave y dice ¿a quién le cuento? ¿A quién llamo?¿Puedo confiar en alguien? La soledad es un sentimiento doloroso. La soledad no es tanto estar solo, como sentirse solo.


La sensación de soledad la pueden motivar muchas cosas: La pérdida de un ser querido, el fracaso en una relación amorosa, el egoísmo animal de los seres humanos, el hecho de vivir en un mundo caído y separados de Dios, etc.


Pero hay una realidad, que lamentablemente es muy común, que está haciendo que muchas personas, entre ellas inocentes niños, se sientan muy solos; es el divorcio de tantos matrimonios y como consecuencia la desintegración de la familia.


Por eso en este mes, y aprovechando que celebramos un hecho relevante como es el Día de la Madres, queremos hacer especial énfasis en la familia


En el Huerto del Edén, Dios dijo: “No es bueno que el hombre esté solo” (Génesis 2:18). Y para nadie esté solo y se sienta sólo, la primera institución que Dios crea es la familia.


Por eso cuidemos nuestras familias y permitamos que Aquel Dios que instituyó el matrimonio y la familia, proteja, bendiga y fortalezca nuestras familias.


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