• Elias Stuardo

Reflexión Pastoral

Estamos llegando al mes de noviembre, y no son pocas las personas que se sienten agotadas y sueñan con vacaciones y descanso.

Parece que algunas personas vivieran constantemente cansadas. ¿Qué nos cansa y estresa tanto? ¿Es el ir y venir de la gran ciudad? ¿Son las responsabilidades del día a día?

Sea cual fuere la causa, quiero dejar planteada la necesidad de aprender a descansar en Dios. Permitir que El dirija nuestras vidas. A veces manejamos nuestros asuntos como si nosotros fuéramos dioses. Queremos tener el control de todo, y eso nos cansa y estresa.

No es fácil descansar den Dios. Es un asunto de fe y de absoluta confianza en su soberanía y providencia. Pero también implica obediencia a su Palabra. Cuando somos desobedientes a Dios, sentimos que nuestra energía física y espiritual ya no es la misma. El pecado cansa y agota.

Por eso se hace necesario orar constantemente y entregar todas nuestras preocupaciones a Dios. Y también cada día confesar nuestros pecados al Señor, y pedir que nos haga hijos e hijas obedientes y humildes.

Alguien dijo una vez: “La oración hará que dejemos de pecar o el pecado hará que dejemos de orar”. Si oramos, el Espíritu Santo nos vigorizará y capacitará para enfrentar cada día con su afán. (Ver I Pedro 5:6-7)

12 vistas