• Alianza Cristiana y Misionera Peñalolén

Reflexión Pastoral

Un príncipe quería encontrar a una señorita idónea para que fuera su reina. Un día pasó por una región pobre de su país, se fijó en una bella señorita campesina. Durante los siguientes días él pasaba frecuentemente por donde ella vivía y pronto se enamoró. Pero él tenía un problema: ¿Cómo declararle su amor?


El podía pedirle que se casara con él. Pero aún un príncipe quiere que su novia se case con él por amor y no porque sea un príncipe. El príncipe pensó en una solución, se quitó su corona y su traje real y se vistió como un campesino más y regresó a la aldea. Vivió entre los campesinos, compartió sus necesidades y problemas, habló su lenguaje y rió y sufrió con ellos. Pasado el tiempo la joven campesina se enamoró de él por quien él era y porque él la había amado primero.

Esta historia me recuerda la navidad. Algo parecido hizo Dios. Vino y vivió entre nosotros. Se encarnó en nuestro sufrimiento. El que es llamado Emanuel, Dios con nosotros. Conoció en carne propia el dolor y la miseria humana y entregó su vida en una cruz por amor a la humanidad completa.


Haciendo eso conquistó mi corazón y el de millones en el mundo entero. ¿Cuál fue el propósito de su venida? El evangelio dice: “…y llamará su nombre JESÚS porque él salvará a su pueblo de sus pecados”. (Mat 1:21)


Alguien dijo: “Si nuestra más grande necesidad hubiese sido el dinero, Dios nos habría enviado un banquero. Si nuestra más grande necesidad es el conocimiento, Dios nos habría enviado un gurú. Si nuestra más grande necesidad es la sabiduría, Dios nos habría enviado un filósofo. Si nuestra más grande necesidad fuera el placer, Dios nos habría enviado un animador. Pero nuestra más grande necesidad fue el perdón de nuestro pecado, la vida eterna, nuestra comunión con Dios, por lo que Dios nos envió un Salvador”.


¿Es Jesucristo el Salvador y Rey de tu vida? De todo corazón te deseo que tengas una bendecida Navidad.

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